Piometra canina
- 5 may 2016
- 3 Min. de lectura
La piometra es una enfermedad infecciosa ocasionada por bacterias que consiste en la acumulación de secreciones y pus en el interior del útero. Es muy frecuente en perras de media y avanzada edad, así como también en gatas.

Por lo general la aparición de la piometra es consecuencia de la exposición repetida del endometrio a altas concentraciones de progesterona que ocurre en el diestro (periodo posterior al celo). Estos niveles altos de progesterona pueden hacer que se produzca una hiperplasia endometrial (aumento de grosor del endometrio) formando quistes y favoreciendo la contaminación y crecimiento de bacterias, así como también, disminuye la contractilidad del útero y aumenta la secreción de moco facilitando el cierre del cérvix. Dependiendo de cómo se encuentre el cérvix, tenemos dos tipos de piómetras.
Piómetra a cuello cerrado: debido a que el cuello del útero permanece cerrado, no se observa descarga vulvar. Comúnmente se acompaña de distensión abdominal. La palpación es dificultosa y evidencia una masa pastosa ocupando gran parte del abdomen.
Piómetra a cuello abierto: debido a la permeabilidad del cuello uterino se observa descarga vulvar, la cual puede variar en su aspecto macroscópico (sanguino/purulento o purulento) y cantidad (abundante o escasa, dependiendo generalmente del grado de apertura cervical). Dicha descarga puede a su vez ser continua o intermitente.
Signos clínicos.
Suelen aparecer varias semanas después de la época de estro (celo). En las perras, los signos y síntomas más frecuentes son: Descarga vaginal que puede ser sanguinolenta o purulenta (con pus), letargia, inapetencia, poliuria y polidipsia (sed excesiva), fiebre, vómitos. Si la enfermedad sigue evolucionando, el animal puede llegar a estado de shock circulatorio, como consecuencia de septicemia (presencia de bacterias en la sangre), toxemia (toxinas en la sangre), insuficiencia renal y peritonitis.
Tratamiento:
El tratamiento de elección es quirúrgico. La ovariohisterectomía, o extirpación de ovarios y útero, es el que ha demostrado mayores tasas de supervivencia. La cirugía debe realizarse lo antes posible cuando la paciente está estabilizada mediante la administración previa de suero y antibióticos.
Ante los signos que pueda presentar su mascota y si coincide que ha estado en celo alrededor de ocho semanas antes, lo más conveniente es acudir rápidamente al veterinario. Allí, mediante radiografías, ecografías, analíticas y bioquímicas, podrá diagnosticarse la piómetra para aplicar el tratamiento que sea conveniente.
La piometra es una enfermedad infecciosa ocasionada por bacterias que consiste en la acumulación de secreciones y pus en el interior del útero. Es muy frecuente en perras de media y avanzada edad, así como también en gatas.
Por lo general la aparición de la piometra es consecuencia de la exposición repetida del endometrio a altas concentraciones de progesterona que ocurre en el diestro (periodo posterior al celo). Estos niveles altos de progesterona pueden hacer que se produzca una hiperplasia endometrial (aumento de grosor del endometrio) formando quistes y favoreciendo la contaminación y crecimiento de bacterias, así como también, disminuye la contractilidad del útero y aumenta la secreción de moco facilitando el cierre del cérvix.
Dependiendo de cómo se encuentre el cérvix, tenemos dos tipos de piómetras.
Piómetra a cuello cerrado: debido a que el cuello del útero permanece cerrado, no se observa descarga vulvar. Comúnmente se acompaña de distensión abdominal. La palpación es dificultosa y evidencia una masa pastosa ocupando gran parte del abdomen.
Piómetra a cuello abierto: debido a la permeabilidad del cuello uterino se observa descarga vulvar, la cual puede variar en su aspecto macroscópico (sanguino/purulento o purulento) y cantidad (abundante o escasa, dependiendo generalmente del grado de apertura cervical). Dicha descarga puede a su vez ser continua o intermitente.
Signos clínicos.
Suelen aparecer varias semanas después de la época de estro (celo). En las perras, los signos y síntomas más frecuentes son: Descarga vaginal que puede ser sanguinolenta o purulenta (con pus), letargia, inapetencia, poliuria y polidipsia (sed excesiva), fiebre, vómitos. Si la enfermedad sigue evolucionando, el animal puede llegar a estado de shock circulatorio, como consecuencia de septicemia (presencia de bacterias en la sangre), toxemia (toxinas en la sangre), insuficiencia renal y peritonitis.
Tratamiento:
El tratamiento de elección es quirúrgico, La ovariohisterectomía, o extirpación de ovarios y útero, es el que ha demostrado mayores tasas de supervivencia. La cirugía debe realizarse lo antes posible cuando la paciente está estabilizada mediante la administración previa de suero y antibióticos.
Ante los signos que pueda presentar su mascota y si coincide que ha estado en celo alrededor de ocho semanas antes, lo más conveniente es acudir rápidamente al veterinario. Allí, mediante radiografías, ecografías, analíticas y bioquímicas, podrá diagnosticarse la piómetra para aplicar el tratamiento que sea conveniente.






















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